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martes, 15 de diciembre de 2015

Álvaro Arrans Almansa



Noche, no había otra cosa. Demasiado tiempo pasó sobre ese puñado de arena y tierra al que llamaban carretera comarcal. Ella lo sabía. Estaba allí, esperando algo que parecía no llegar, en una lúgubre marquesina.

Tan vieja como la carretera era la bombilla que pendía del techo, que le guiñaba pequeños momentos de oscuridad. Cuando no lo hacía, miraba a la maleta. Su gran maleta, vestida con pegatinas de todos los lugares en los que habían estado.

El silencio era agobiante y sólo se quebraba con el paso de algún vehículo. Los grillos ponían la banda sonora mientras les observaban desde las más recónditas ramas. A ella y a su maleta.

Reinaba una tranquilidad desoladora. No se veían, pero sí se oían los sufrimientos callados, los deseos reprimidos y los pensamientos ocultos de todo el mundo. Todos iban a parar allí, a ese cementerio de sueños donde las heridas no cicatrizaron jamás.


ÁLVARO ARRANS ALMANSA (Córdoba, 1998). 2º Bach. D

domingo, 22 de noviembre de 2015

Ana Villa


Cartel de la película Mary and Max (2009), de Adam Elliot. Foto J. L.A.


Perdida

Primer latido...
La niebla, mi única compañía, en la plaza empedrada
junto con el piqueteo del agua de la fuente
que fluye perezosa
marcando el ritmo de esta madrugada.
Una pequeña figura
se adivina tras la débil muralla acuosa
que nos separa.

Segundo latido...
La sombra adivinada pasa
del boceto trazado en el reflejo de la fuente
a una claridad definida por ojos pardos y redondos
y una larga trenza caramelo.

Tercer latido...
En su vestido blanco, como una estrella inocente
que curiosea en la Tierra, camina
con la calma propia del arco iris que aparece tras la tormenta.

Cuarto latido...
Nos detenemos una frente a la otra,
sus ojos me dicen que no está perdida, sabe a lo que ha venido.
Soy yo la que deambulo por la ciudad, por mi cuerpo, por mi alma
sin objetivo ni conocimiento alguno.

Quinto latido...
No puedo apartar su mirada, me ahogo en sus ojos
y en ese punto helado en el que mis pulmones se inundan,
empiezo a respirar, a recordar, a vivir.
Con cada bocanada de vida que tomo, un recuerdo emerge
de las profundidades de mi corazón y brota aquel sentimiento.

Sexto latido...
Safari en la bañera con Lucía y nuestras fieras de goma,
abrazos de mi amigo José que nunca quería que terminasen,
el primer bizcocho que hicimos mi hermana y yo en la cocina
donde pareció haber nevado, según Mamá...

Séptimo latido...
Y al final de todos esos recuerdos está ella esperándome,
con los brazos extendidos.
¡Cómo la había echado de menos y cómo la quiero!
No volveré a dejarla sola, no se lo merece, la una sin la otra no somos nada.
La abrazo para que me perdone, para que sepa que no es igual sin ella.
Ella lo entiende, lo sabe y me dice con una sonrisa
que siempre ha estado esperándome, que sabía que volvería,
porque la esencia de mi corazón era ella, mi alegría.



ANA VILLA ZAMORANO (Córdoba, 1998).  2º Bach. D