lunes, 19 de noviembre de 2018



A tiempo
No hay más nada ni música
abriendo ventanas.
El olor nauseabundo anuncia la presencia.
Todos sabemos cerrar las puertas a tiempo.
A veces, por una rendija, entra el río
con el sol flotando.
El viento, mudo,
invita al cielo a sorprendernos.
Llueve. Y no hay más.
Solo música.
Cecilia Silveira nació en Montevideo (Uruguay), en 1964.Vive desde el año 2000 en Córdoba (España), donde participa en talleres de creación literaria. Ha publicado poemas en las antologías de “Anónimos”, en Cosmopoética. Pertenece a la Asociación Cultural “Mucho Cuento” de Córdoba.Sigue escribiendo poemas.El día 26 de noviembre tendremos el placer de escucharla  en la Biblioteca de nuestro centro como escritorainvitada a BLASLECTURAS.

lunes, 12 de noviembre de 2018

La construcción de un sueño

Siempre hay tiempo para un sueño.
Siempre es tiempo de dejarse llevar
por una pasión que nos arrastre hacia el deseo.
Siempre es posible encontrar la fuerza
necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia
lo alto.
Y es allí, y solo allí, en la altura, donde
podemos desplegar nuestras alas en toda su
extensión.                                                         

                                                                                                                            Dulce Chacón
Solo allí, en lo más alto de nosotros mismos,
en lo más profundo de nuestras inquietudes,
podremos separar los brazos, y volar.

Dulce Chacón nació en Zafra, Badajoz, el 3 de junio de 1954, hermana gemela de la también escritora Inma Chacón (Tiempo de arena). Magnifica narradora y poeta extremeña, ha publicado grandes novelas como La voz dormida donde manifiesta sus compromiso social y político, esta novela ha sido llevada al cine con gran éxito. Murió en  Madrid, el 3 de diciembre de 2003.
Su marido la definió como "una luchadora de izquierdas agnóstica y peleona, su mejor arma era la palabra y la escritura".

lunes, 5 de noviembre de 2018

EDUARDO GARCÍA


Las puertas


Al fondo de mí mismo hay cuatro puertas.
Desciendo por el pozo hacia los hondos
canales que me surcan. Pecho adentro
cruzo la oscuridad a ciegas. Voy
palpando las paredes. Ahora el aire
es más puro. Vislumbro el resplandor:

la puerta del jardín de los deseos,
la puerta del instante prodigioso,
la puerta de la infancia recobrada.

Huele a ausencia de pronto un viento frío.
Siento a mi espalda un hueco impenetrable:
por las hondas rendijas de tinieblas
mana un silencio atroz. Detengo el paso.

Mientras florezcan firmes mis deseos
y me aguarde el instante y el prodigio
y la luz en los patios de la infancia,
no cruzaré el umbral, la cuarta puerta,
no pisaré esa nada imponderable.


Este poema forma parte del libro Horizonte o frontera de nuestro inolvidable compañero Eduardo García con el que tuvimos la suerte de compartir unos años de profesión y amistad. Siempre te tendremos en el corazón y en nuestra Biblioteca, que lleva tu nombre.