El poeta y profesor Eduardo García (1965-2016), con su libro Duermevela entre las manos (2014).
RONDA DEL SÍ
Y ahora aquí digo sí, sin más ni más, como otros dicen no por si las moscas, digo sí porque sí, por voluntad, porque en el no se ufana la renuncia, el canto de los cuervos, la estepa hospitalaria, tanta calma que no hace travesía, en el charco del no toso, me empapo, estancado en el afán, los remos rotos, espectador de un alto en el camino que ya se ensimismó más de la cuenta, cuando impaciente el sí baraja ya sus cartas, su brusco germinar, su aliento navegante, un signo, una señal, un cuerpo acaso, la sombra de un paisaje que soñé, mientras el no me invita a especular, a calcular la ausencia de mis pasos, la inmóvil rotación de mis razones, pero he aquí que el sí da un paso al frente y de pronto es ya tarde y menos mal que el pie ya desertó de su pereza y sopla el viento y voy, a la estampida, carretera adelante, desbocado, digo sí porque el sí es la luz primera, la espontánea eclosión, el resplandor, callo el no porque el no seca mi cauce, digo sí porque el sí me desemboca.
EDUARDO GARCÍA (1965-2016). De Duermevela, Visor, 2014.
Cuando
no se representa
nada, cuando simplemente se es, y no nos liga compromiso alguno
político, económico, o profesional, de grupo o de clase, o de
partido, tal vez podamos permitirnos hablar con independencia en
nombre de todos o, al menos, para que todos nos comprendan.
Seguramente
es pretensión desmesurada y ese abarcar nos prive, en gran parte, de
oyentes, en virtud de esa misma independencia que constituye, a mi
modo de ver, la única legitimidad de nuestra palabra, y esto debido
a que hoy, muchos
-¿la mayoría?- no sienten ese atractivo -esa necesidad- de ser
independientes, siendo su aspiración, por el contrario, de signo
opuesto; buscan, o se confortan, sabiéndose protegidos, ‘dirigidos’,
mandados. Pero hay siempre unos hombres, en cualquier región, en
cualquier clima, muchos anónimos, algunos singulares, para quienes
la vida, su vida propia, pero también, y casi a la misma altura, su
vida social, su vida nacional, es refractaria al mando y que sólo
encuentran aliciente en vivir como lo que son, o creen ser, hombres,
no soldados, seres, unos relevantes, otros modestos, pero que no
entienden la vida más que como el continente de una mínima porción
verdadera de libertad sin la cual, los mayores acontecimientos
sociales no son sino monumentos de piedra, y la vida interior un
mecanismo marcial que acaba por colocar, allí donde íbamos a buscar
al ser vivo, el rostro antipático de una consigna seca o la
degradación repulsiva de una obediencia deshumanizada. Estos hombres
que quieren vivir como lo que se sienten, cuerpos vibrantes, entes
con razón, no siempre se dan cuenta de lo que les pasa o, en el
desconcierto del mundo actual, no aciertan a expresarse a sí mismos,
atenazados, por tal acumulación operante de prejuicios, la índole
de sus sentimientos; otros se desconciertan, y mal, o
tendenciosamente informados, fluctúan, y hasta están en peligro de
naufragar; más que traicionar su ideal se hacen indiferentes,
flotan, aceptan sin saberlo, se neutralizan,
se rinden si, sobre todo, la cuota que se les paga, asciende. Están
también,
y en
primer lugar, los jóvenes, no todos, que quieren saber, que no están
dispuestos, o creen al menos, a doblar la frente, pero que corren el
riesgo de caer en las viejas trampas o nuevas las nuevas
mixtificaciones. Para
todos ellos escribo, para aclarar, para informar, para confirmar,
sobre lo que he vivido y sobre lo que he pensado, unas veces en la
calle, otras en mi refugio, tan indispensable esto como aquello ya
que la calle confunde y el refugio dilucida. ¿Objetivo? No. Aspiro a
ser lo más subjetivo posible. Solo hablando en nombre propio logra
el hombre coincidir , si no con la verdad que resulta una meta
demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico
vale tanto como ser verdadero y está mal al alcance de nuestra buena
voluntad. Hablaré, pues, como me nace y como sé; diré de lo que he
visto y he vivido, de lo que oí y pensé, relacionando. Y lo sellaré
todo, para el porvenir, con la garantía que me ofrece mi persona y
mi palabra.
Sesenta
y siete tacos el día doce
de febrero cumplí con pocas ganas
de
happy birthdays, de velas atroces
pero esa tarde me llamó
Susana.
Presidenta
le dije, no me tiente,
con medallas impropias de un
gualtrapa,
aunque si es de mi tierra y de mi gente
será un
honor lucirla en la solapa.
Y
eso que en estos tiempos de tribales
identidades anti
solidarias
uno acepta encomiendas federales
si no son
desiguales y gregarias.
Urge
por eso, en tan inciertos días
construir puentes, destruir
barreras,
que sea la verdiblanca la bandera
de la cultura,
el pan y la alegría.
De
Huelva y de Jaén eran mis padres,
mis amigos don nadies sin
fronteras,
cuando la última copa me descuadre
regresaré a
mi olivo y a mi higuera.
Jaén,
Sevilla, Córdoba, Granada,
Málaga, Huelva, Cádiz,
Almería,
duendes de la memoria enamorada
mantras del
corazón y la utopía.
¡Qué
jeta! ¿Predilecto? ¡Qué impostura!
Se burlan los espejos
implacables
¿El cantautor o su caricatura?
¿El golfo? ¿El
trotamundos inestable?
¿El
rojo con abono en la maestranza?
¿El rockero que admira al
Agujetas?
¿El ateo que espera a la Esperanza
de Triana
soñando una saeta?
¿Qué
cantan los poetas andaluces
de ahora? -preguntaba Rafael Caballero Bonald, perito en luces
de Argónida le puede
responder.
Y
mi compadre Luis García Montero
y Felipe Benítez que en la
Rota
de la OTAN fundó un invernadero
para plantar mis
ripios y mis notas.
Y
allí paso veranos exquisitos
al amor de la gente que más
quiero,
rodeado de hermanos, primas, titos,
un doctor, un
borracho, un alfarero.
En
ningún otro sitio los gitanos
han echado raíces de
Macondo
llenando el alcanfor de mis paisanos
de un milagro
llamado cante jondo.
Por
no mentar la Alhambra y la Mezquita
de al-Ándalus, bendita
morería,
o de las juderías sibaritas
que Isabel y
Fernando aborrecían.
Aunque
uno es nocherniego y tabernario
también sabe dar pases de
castigo
pa ser buen andaluz no es necesario
tocarle tantas
palmas al ombligo.
Mejor
pasar a limpio los pecados,
los eres, la ignorancia, el
desempleo,
Andalucía sabe demasiado
lo ingrato que es
bailar con el más feo.
La
ilustración brilló cuando las cortes
de Cádiz se metieron en
faena,
después un rey felón vendido al norte
puso de moda
el vivan las caenas.
Parias
hambrientos, pijos de mal vino,
guerras civiles, ninis sin
memoria,
no conviene olvidar, por si la historia,
que aquí
nacieron Lorca y su asesino.
Primero
fueron Úbeda y Granada
las ciudades de mi devocionario,
luego
vino Madrid, Londres y cada
Babel que me brindara un escenario.
Y
América Latina tan mestiza
que sabe a ron y arcángeles
paganos
y esa Habana mulata tan castiza,
tan gaditana dijo
Carlos Cano.
Regular,
mire usted, tirando a mal
anda nuestra marchita economía
pero
en arte, delirios y osadía
no conozco un parnaso tan frutal.
Por
eso a los tribunos que gobiernan
hoy les pido, perdónenme que
insista,
una patria decente, audaz, moderna
humana, justa,
libre y progresista.
Y
como no me ponen los sectarios
ni me frenan atávicos
prejuicios
soñar un paraíso hospitalario
al sur del sur
es ya mi único vicio.
Tuvo
que ser el gesto de un paisano,
pongamos que hablo de Alejandro
Sanz,
quien detuviera en fa mayor la mano
que maltrataba el
morro de una fan.
Porque,
aunque soy forofo del Atleti
y admirador de Messi y de
Zizou,
entre el merengue y, manque pierda, el Betis
quiero
siempre que gane el andaluz.
Marifé,
Gala, Góngora, Cernuda,
Morente, Rancapino, Camarón,
Pasión,
Emilio Prados, Juan Ramón:
el sabio sabe más cuanto más
duda.
Y
Bécquer y don Juan, Chávez Nogales,
Javier Ruibal, Paquito de
Lucía,
Téllez, Muñoz Molina, los cabales
profetas de la
nueva Andalucía.
Y
Romero de Torres y Murillo
y Juan Vida, Valdés Leal, Laffón,
y
Picasso y Velázquez y Gordillo
yendo del carboncillo a la
abstracción.
Y
Rilke, Hemingway, Gibson, Brenan
y el orondo Orson Wells, guiris
de pro,
que entre la magia, el llanto y la verbena
Blas
Infante a su causa convirtió.
Y
Pastora Soler y Miguel Ríos
y la ópera bastarda de Bizet
y
Carmen, la morena del quejío
que no es la del gabacho Mérimée.
Abrácense
por fin las dos Españas,
muera el siniestro guerracivilismo
ni
obispos ni trileros sin entrañas
menos tontos por ciento de lo
mismo.
En
Madrid aprendí cómo reluce
la copla de Chacón tabaco y
oro
cuando salen roneando por el foro
del café de la Unión
los andaluces.
Permítanme
también que cite y loe
aquellos besos en Puente Genil,
el
trilingüe legado de Averroes,
las lágrimas de sangre de
Boabdil.
Y
Aleixandre el gran Nobel generoso,
el hombre más discreto de
Sevilla,
que en Wellingtonia tuvo buen reposo
y amores
clandestinos de puntillas.
Maestros
de fervor republicano,
actores de la mítica Barraca,
doctores
que en su exilio americano
ilustraron al negro y al sudaca.
Aquí
pintan de añil el universo,
Morante, Caracol, José Mercé,
el
nombre de la rosa, prosa y verso,
Altolaguirre, Lola, Raphael.
La
impúdica y traviesa chirigota,
John Lennon y la Piaf por
bulerías,
el Kichi en carnaval dando la nota,
el verdial
tan rural de la Ajarquía.
Con
lo que va apreciándose y creciendo
por todo el ancho mundo el
español
¿qué coño hace ese shosho malvendiendo
su
inglés barato por eurovisión?
Querido
no te pongas estupendo
me dijo anoche un cierto don latino
de
Hispalis, sigue andando y escribiendo
pero en román vulgar y
paladino.
Cuidando
mi mala salud de hierro
hurgando en pecadillos veniales,
con
seis gatos en torno y ningún perro
que ladre en mis futuros
funerales.
La
España de charanga y pandereta
no es el sur luminoso que
prefiero,
mientras el jornalero y el paleta,
blasfemen
contra el dios de los banqueros.
Pero
es verdad que el ciclo de la luz,
el pescaíto, el mar, el vino,
el clima
convierten en fanático andaluz
al que a su gente
singular se arrima.
Estos
días azules y este sol
de la infancia en un patio de
Sevilla
velaron al poeta en la pensión
de Colliure con
flores amarillas.
Dos
versos, un cuaderno, un sacramento
póstumo del mejor de los
Machado
que nos dejó de noble testamento
su cómo ser un
andaluz honrado.
Contra el pacto del sable y la casulla
mi
diosa es la razón que no se vende
esta medalla al mérito es
más suya
que de quien de su ejemplo tanto aprende.
Alérgico
a sermones y laureles,
hoy, lejos de calle melancolía,
pongo
mi tinta, cantos y pinceles,
al servicio de nuestra Andalucía.
Bendito
veintiocho de febrero
lo dice un hijo pródigo que sabe
que
aquí no sobra nadie, compañeros,
que todo el mundo en esta
tierra cabe.
Andaluz
y español, más europeo
que el virus que nos quiere
separar,
por sí dice ese himno en el que creo
y por el
mundo, y por la humanidad.