miércoles, 1 de junio de 2016

20 jarchas




LAS JARCHAS


1

1 (Solà-Solé), 18 (Stern), 18 (Heger), XVIII (García Gómez)*


tanto amare tanto amare

habîb tanto amare

enfermeron olios nidios


¡Tanto amar, tanto amar,

amigo, tanto amar!

¡Enfermaron unos ojos brillantes

y duelen tan mal!


2a,b

2 (Solà-Solé), 28a,b (Stern), 28a,b (Heger), VIIa,b (García Gómez)


ben yâ sahhârâ

alba quee stá kon bi-al-fogore

k(u)and bene bide amore


Ven, oh hechicero:

un alba que está (o: tiene) con fogor

cuando viene pide amor.


3

3 (Solà-Solé), 45 (Stern), 45 (Heger), XXXI (García Gómez)


mi fena ÿes li-mahtï in luhtu

kon males me berey

non me lesa moberë aw limtu

mama gar ke farey


Mi pena es a causa de un hombre violento: si salgo

con males me veré

no me deja mover o soy recriminada.

Madre, dime, qué haré.


4

4 (Solà-Solé)


ya mama tanto lebo

de al-wa'di de al-bugag

da'i hagra man qati'

fa-al-qat'u fî samag


¡Oh madre, tanto soporto

de promesa (y) de subterfugios!

Deja (permite) el romper de quien embarazado calla,

pues la separación es algo malo.


5a

5a (Solà-Solé), 44a (Stern), 44a (Heger), XXXa (García Gómez)


ya mam(m)a si no lesa al-ginna

allora mor(r)ey

traïde hamrî min al-hâgib

'asà sanarey


Oh madre, si no cesa la locura (de amor),

enseguida moriré.

Traed mi vino de (casa de) el hagib,

acaso sanaré.


5b

5b (Solà-Solé), 44b (Stern), 44b (Heger), XXXb (García Gómez)


ya mam(m)a si no lesa al-ginna

allora mor(r)ey

traïde el mio bino min ga'far

'asà sanarey


Oh madre, si no cesa la locura (de amor),

enseguida moriré.

Traed mi vino de (casa de) Ga'far,

acaso sanaré.


6

6 (Solà-Solé), 49 (Stern), 49 (Heger), XXXVII (García Gómez)


garide-me

k(u)and mio sîdî yâ qawmu

ker(r)a bi-llâh

suo al-asî me dar-lo


Decidme:

¿cuándo mi señor, oh amigos,

querrá, por Dios,

darme su medicina?


7a,b

7a,b (Solà-Solé), 38b,a (Stern), 38b,a (Heger), XXIb,a (García Gómez)


yâ mamma mio al-habîbi

bay-sê e no me tornade

gar ke fareyo ÿâ mamma

in no mio 'ina' lesade


¡Oh madre, mi amigo

se va y no vuelve!

Dime qué haré, madre,

si mi pena no afloja.


8

8 (Solà-Solé), 53 (Heger), 22 (García Gómez)


um(m)î qi qâl li-ahûb

'aql al-nisâ qaq(q)â

non sabet mio qawlî

hubbî li-man yabqâ


Madre mía, quien dijo al amigo,

'la constancia de las mujeres (es) caca,'

no sabe (que) mi máxima

(es que) mi amor es para quien persiste.


9

9 (Solà-Solé), 52 (Heger), XXVI (García Gómez)


qultu es

yuhayyî bokel(l)a

hulú mitl es(e)


Dije: 'Cómo

reanima a una boquita

algo dulce como eso'.


10

10 (Solà-Solé), 43 (Stern), 43 (Heger), XXIX (García Gómez)


yâ qoragonî ke keres bon amar

mio al-furâr

lesa ë tu non le lesas dë amar


¡Oh corazón mío, que quieres amar bien!

Mi corderito

se va y tú no le dejas de amar.


11

11 (Solà-Solé), 22 (Stern), 22 (Heger), I (García Gómez)


mio sîdî ïbrâhîm

yâ tú uemme dolge

fente mib

de nohte

in non si non keris

irey-me tib

gari-me a ob

legar-te


Mi señor Ibrahim,

oh tú hombre dulce

vente a mí

de noche.

Si no, si no quieres,

ireme a tí,

dime a dónde

encontrarte.


12

12 (Solà-Solé), 37 (Stern), 37 (Heger), XX (García Gómez)


si si ben yâ sîdî

k(u)ando benis vos y

la bokella hamrâ

sibarey ka-al-warsi


Sí, sí, ven, oh señor mío,

cuando (si) venís aquí,

la boquita roja

alimentaré (de besos) como la paloma rojiza.


13

13 (Solà-Solé), 27 (Stern), 27 (Heger), VI (García Gómez)


al-sa'amu mio hâli

borqe hâlî qad bâri

ke farey yâ ümmi

fâniqî bad lebare


La muerte es mi estado,

porque mi estado (es) desesperado.

¿Qué haré, oh madre mía?

El que me mima va a marcharse.


14a,b

14 a, b (Solà-Solé), 41a,b,c (Stern), 41a,b,c (Heger), XXVIIIb,a; 41 (García Gómez)


adamey

filiolo ali(e)no

ë el a mibi

kered-lo

de mib katare

suo al-raqîbi


Amé

a un hijito ajeno

y él a mí;

lo quiere

captar (apartar) de mí

su espía (guardador).


15

15 (Solà-Solé), 32 (Stern), 32 (Heger), XIII (García Gómez)


non kero yo ün hil(l)ello

il(l)â al-samarello


No quiero yo ningún halagador,

más que el morenito.


16

16 (Solà-Solé), XXXII (García Gómez)


ben 'indî habîbî

si te bais mesture

trahirá samâga

imsi ad unione


¡Ven a mi lado, amigo!

Si te vas, el engañador (?)

traerá algo malo.

¡Ven a la unión!


17

17 (Solà-Solé), 34 (Stern), 34 (Heger), XV (García Gómez)


li-an(n)a lâ kâna fî bon asmadore

fumâ

al-wad(d)u sanará non mio morire

yâ um(m)â


Como que no existe (hay) en el buen amador

boca,

el amigo no curará mi morir,

oh madre.


18

18 (Solà-Solé), 50 (Stern), 50 (Heger), XXXIII (García Gómez)


no se kedad ni me kered gaïre

kilmâ

non ayo kon seno esusto dormire

ma(m)â


No se queda ni me quiere decir

palabra

No dormiré con el seno abrasado,

madre.


19

19 (Solà-Solé), 12 (Stern), 12 (Heger), 12 (García Gómez)


mis kunyados todos benid

yo wolio la satia

mio womnë otris kaned

fî-al-qûra balensia


¡Mis parientes, todos, venid!

Yo quiero la saetía;

mi hombre (a) otras canta

en la cora de Valencia.


20

20 (Solà-Solé), 13 (Stern), 13 (Heger), 13 (García Gómez)


baido-me ad isbilyâ

fî zayî tâgir

qebrare al-gudures

de aben muhâgir


Me voy a Sevilla

en traje de mercader

(a) quebrar los muros

de Ibn Muhâgir.



Bibliografía*:


J. M. Solà-Solé, Corpus de poesía mozárabe, Barcelona, 1973.

S. M. Stern, Les chansons mozarabe, Palermo, 1953.

K. Heger, Die bisher veröffentlichen Hargas, Tübingen, 1960.

E. García Gómez, Las jarchas romances, Madrid, 1965.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Eduardo García


El poeta y profesor Eduardo García (1965-2016), con su libro Duermevela entre las manos (2014).


RONDA DEL SÍ

Y ahora aquí digo sí, sin más ni más,
como otros dicen no por si las moscas,
digo sí porque sí, por voluntad,
porque en el no se ufana la renuncia,
el canto de los cuervos, la estepa hospitalaria,
tanta calma que no hace travesía,
en el charco del no toso, me empapo,
estancado en el afán, los remos rotos,
espectador de un alto en el camino
que ya se ensimismó más de la cuenta,
cuando impaciente el sí baraja ya sus cartas,
su brusco germinar, su aliento navegante,
un signo, una señal, un cuerpo acaso,
la sombra de un paisaje que soñé,
mientras el no me invita a especular,
a calcular la ausencia de mis pasos,
la inmóvil rotación de mis razones,
pero he aquí que el sí da un paso al frente
y de pronto es ya tarde y menos mal
que el pie ya desertó de su pereza
y sopla el viento y voy, a la estampida,
carretera adelante, desbocado,
digo sí porque el sí es la luz primera,
la espontánea eclosión, el resplandor,
callo el no porque el no seca mi cauce,
digo sí porque el sí me desemboca.

EDUARDO GARCÍA (1965-2016). De Duermevela, Visor, 2014.


lunes, 11 de abril de 2016

Andrés Trapiello


Portada del libro Acaso una verdad, Valencia, Pre-Textos, 1993.


El árbol de la ciencia

Dicen, mi amor, que es imposible hacer
versos de amor feliz, de enamorado,
que sólo lo perdido o no alcanzado
se canta en la poesía, el padecer

olvido o el sufrimiento de volver
al recuerdo de todo lo pasado.
Unas veces la sed de lo vedado;
otras, el vino del amargo ayer.

No hagas caso, mi amor, habladurías.
Contigo todas mis melancolías
son ramas escarchadas en anís

donde se posa un pájaro de nieve.
Escúchale cantar tan hondo y breve.
Que no te engañe su plumaje gris.




ANDRÉS TRAPIELLO (1954). De Acaso una verdad, 1993.



jueves, 17 de marzo de 2016

Juan Gil-Albert

Juan Gil-Albert, hacia 1930.



Drama patrio


 Cuando no se representa nada, cuando simplemente se es, y no nos liga compromiso alguno político, económico, o profesional, de grupo o de clase, o de partido, tal vez podamos permitirnos hablar con independencia en nombre de todos o, al menos, para que todos nos comprendan. Seguramente es pretensión desmesurada y ese abarcar nos prive, en gran parte, de oyentes, en virtud de esa misma independencia que constituye, a mi modo de ver, la única legitimidad de nuestra palabra, y esto debido a que hoy, muchos -¿la mayoría?- no sienten ese atractivo -esa necesidad- de ser independientes, siendo su aspiración, por el contrario, de signo opuesto; buscan, o se confortan, sabiéndose protegidos, ‘dirigidos’, mandados. Pero hay siempre unos hombres, en cualquier región, en cualquier clima, muchos anónimos, algunos singulares, para quienes la vida, su vida propia, pero también, y casi a la misma altura, su vida social, su vida nacional, es refractaria al mando y que sólo encuentran aliciente en vivir como lo que son, o creen ser, hombres, no soldados, seres, unos relevantes, otros modestos, pero que no entienden la vida más que como el continente de una mínima porción verdadera de libertad sin la cual, los mayores acontecimientos sociales no son sino monumentos de piedra, y la vida interior un mecanismo marcial que acaba por colocar, allí donde íbamos a buscar al ser vivo, el rostro antipático de una consigna seca o la degradación repulsiva de una obediencia deshumanizada. Estos hombres que quieren vivir como lo que se sienten, cuerpos vibrantes, entes con razón, no siempre se dan cuenta de lo que les pasa o, en el desconcierto del mundo actual, no aciertan a expresarse a sí mismos, atenazados, por tal acumulación operante de prejuicios, la índole de sus sentimientos; otros se desconciertan, y mal, o tendenciosamente informados, fluctúan, y hasta están en peligro de naufragar; más que traicionar su ideal se hacen indiferentes, flotan, aceptan sin saberlo, se neutralizan, se rinden si, sobre todo, la cuota que se les paga, asciende. Están también, y en primer lugar, los jóvenes, no todos, que quieren saber, que no están dispuestos, o creen al menos, a doblar la frente, pero que corren el riesgo de caer en las viejas trampas o nuevas las nuevas mixtificaciones. Para todos ellos escribo, para aclarar, para informar, para confirmar, sobre lo que he vivido y sobre lo que he pensado, unas veces en la calle, otras en mi refugio, tan indispensable esto como aquello ya que la calle confunde y el refugio dilucida. ¿Objetivo? No. Aspiro a ser lo más subjetivo posible. Solo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir , si no con la verdad que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está mal al alcance de nuestra buena voluntad. Hablaré, pues, como me nace y como sé; diré de lo que he visto y he vivido, de lo que oí y pensé, relacionando. Y lo sellaré todo, para el porvenir, con la garantía que me ofrece mi persona y mi palabra.



Juan Gil-Albert, Drama Patrio, 1964.

lunes, 29 de febrero de 2016

Joaquín Sabina


Sabina, por Carlos Dearmas.



Estos días azules, este sol de la infancia


Sesenta y siete tacos el día doce
de febrero cumplí con pocas ganas
de happy birthdays, de velas atroces
pero esa tarde me llamó Susana.
Presidenta le dije, no me tiente,
con medallas impropias de un gualtrapa,
aunque si es de mi tierra y de mi gente
será un honor lucirla en la solapa.
Y eso que en estos tiempos de tribales
identidades anti solidarias
uno acepta encomiendas federales
si no son desiguales y gregarias.
Urge por eso, en tan inciertos días
construir puentes, destruir barreras,
que sea la verdiblanca la bandera
de la cultura, el pan y la alegría.
De Huelva y de Jaén eran mis padres,
mis amigos don nadies sin fronteras,
cuando la última copa me descuadre
regresaré a mi olivo y a mi higuera.
Jaén, Sevilla, Córdoba, Granada,
Málaga, Huelva, Cádiz, Almería,
duendes de la memoria enamorada
mantras del corazón y la utopía.
¡Qué jeta! ¿Predilecto? ¡Qué impostura!
Se burlan los espejos implacables
¿El cantautor o su caricatura?
¿El golfo? ¿El trotamundos inestable?
¿El rojo con abono en la maestranza?
¿El rockero que admira al Agujetas?
¿El ateo que espera a la Esperanza
de Triana soñando una saeta?
¿Qué cantan los poetas andaluces
de ahora? -preguntaba Rafael
Caballero Bonald, perito en luces
de Argónida le puede responder.
Y mi compadre Luis García Montero
y Felipe Benítez que en la Rota
de la OTAN fundó un invernadero
para plantar mis ripios y mis notas.
Y allí paso veranos exquisitos
al amor de la gente que más quiero,
rodeado de hermanos, primas, titos,
un doctor, un borracho, un alfarero.
En ningún otro sitio los gitanos
han echado raíces de Macondo
llenando el alcanfor de mis paisanos
de un milagro llamado cante jondo.
Por no mentar la Alhambra y la Mezquita
de al-Ándalus, bendita morería,
o de las juderías sibaritas
que Isabel y Fernando aborrecían.
Aunque uno es nocherniego y tabernario
también sabe dar pases de castigo
pa ser buen andaluz no es necesario
tocarle tantas palmas al ombligo.
Mejor pasar a limpio los pecados,
los eres, la ignorancia, el desempleo,
Andalucía sabe demasiado
lo ingrato que es bailar con el más feo.
La ilustración brilló cuando las cortes
de Cádiz se metieron en faena,
después un rey felón vendido al norte
puso de moda el vivan las caenas.
Parias hambrientos, pijos de mal vino,
guerras civiles, ninis sin memoria,
no conviene olvidar, por si la historia,
que aquí nacieron Lorca y su asesino.
Primero fueron Úbeda y Granada
las ciudades de mi devocionario,
luego vino Madrid, Londres y cada
Babel que me brindara un escenario.
Y América Latina tan mestiza
que sabe a ron y arcángeles paganos
y esa Habana mulata tan castiza,
tan gaditana dijo Carlos Cano.
Regular, mire usted, tirando a mal
anda nuestra marchita economía
pero en arte, delirios y osadía
no conozco un parnaso tan frutal.
Por eso a los tribunos que gobiernan
hoy les pido, perdónenme que insista,
una patria decente, audaz, moderna
humana, justa, libre y progresista.
Y como no me ponen los sectarios
ni me frenan atávicos prejuicios
soñar un paraíso hospitalario
al sur del sur es ya mi único vicio.
Tuvo que ser el gesto de un paisano,
pongamos que hablo de Alejandro Sanz,
quien detuviera en fa mayor la mano
que maltrataba el morro de una fan.
Porque, aunque soy forofo del Atleti
y admirador de Messi y de Zizou,
entre el merengue y, manque pierda, el Betis
quiero siempre que gane el andaluz.
Marifé, Gala, Góngora, Cernuda,
Morente, Rancapino, Camarón,
Pasión, Emilio Prados, Juan Ramón:
el sabio sabe más cuanto más duda.
Y Bécquer y don Juan, Chávez Nogales,
Javier Ruibal, Paquito de Lucía,
Téllez, Muñoz Molina, los cabales
profetas de la nueva Andalucía.
Y Romero de Torres y Murillo
y Juan Vida, Valdés Leal, Laffón,
y Picasso y Velázquez y Gordillo
yendo del carboncillo a la abstracción.
Y Rilke, Hemingway, Gibson, Brenan
y el orondo Orson Wells, guiris de pro,
que entre la magia, el llanto y la verbena
Blas Infante a su causa convirtió.
Y Pastora Soler y Miguel Ríos
y la ópera bastarda de Bizet
y Carmen, la morena del quejío
que no es la del gabacho Mérimée.
Abrácense por fin las dos Españas,
muera el siniestro guerracivilismo
ni obispos ni trileros sin entrañas
menos tontos por ciento de lo mismo.
En Madrid aprendí cómo reluce
la copla de Chacón tabaco y oro
cuando salen roneando por el foro
del café de la Unión los andaluces.
Permítanme también que cite y loe
aquellos besos en Puente Genil,
el trilingüe legado de Averroes,
las lágrimas de sangre de Boabdil.
Y Aleixandre el gran Nobel generoso,
el hombre más discreto de Sevilla,
que en Wellingtonia tuvo buen reposo
y amores clandestinos de puntillas.
Maestros de fervor republicano,
actores de la mítica Barraca,
doctores que en su exilio americano
ilustraron al negro y al sudaca.
Aquí pintan de añil el universo,
Morante, Caracol, José Mercé,
el nombre de la rosa, prosa y verso,
Altolaguirre, Lola, Raphael.
La impúdica y traviesa chirigota,
John Lennon y la Piaf por bulerías,
el Kichi en carnaval dando la nota,
el verdial tan rural de la Ajarquía.
Con lo que va apreciándose y creciendo
por todo el ancho mundo el español
¿qué coño hace ese shosho malvendiendo
su inglés barato por eurovisión?
Querido no te pongas estupendo
me dijo anoche un cierto don latino
de Hispalis, sigue andando y escribiendo
pero en román vulgar y paladino.
Cuidando mi mala salud de hierro
hurgando en pecadillos veniales,
con seis gatos en torno y ningún perro
que ladre en mis futuros funerales.
La España de charanga y pandereta
no es el sur luminoso que prefiero,
mientras el jornalero y el paleta,
blasfemen contra el dios de los banqueros.
Pero es verdad que el ciclo de la luz,
el pescaíto, el mar, el vino, el clima
convierten en fanático andaluz
al que a su gente singular se arrima.
Estos días azules y este sol
de la infancia en un patio de Sevilla
velaron al poeta en la pensión
de Colliure con flores amarillas.
Dos versos, un cuaderno, un sacramento
póstumo del mejor de los Machado
que nos dejó de noble testamento
su cómo ser un andaluz honrado.

Contra el pacto del sable y la casulla
mi diosa es la razón que no se vende
esta medalla al mérito es más suya
que de quien de su ejemplo tanto aprende.
Alérgico a sermones y laureles,
hoy, lejos de calle melancolía,
pongo mi tinta, cantos y pinceles,
al servicio de nuestra Andalucía.
Bendito veintiocho de febrero
lo dice un hijo pródigo que sabe
que aquí no sobra nadie, compañeros,
que todo el mundo en esta tierra cabe.
Andaluz y español, más europeo
que el virus que nos quiere separar,
por sí dice ese himno en el que creo
y por el mundo, y por la humanidad.



JOAQUÍN SABINA  (Úbeda, Jaén, 1949)