Max Ernst, La puberté
SUS OJOS SIEMPRE PUROSDías de lentitud, días de lluvia,
Días de espejos rotos y de cúspides perdidas,
Días de párpados cerrados al horizonte de los mares,
De horas parecidas, días de cautividad.
Mi espíritu, que brillaba aún sobre las hojas
Y las flores, mi espíritu está desnudo como el amor,
La olvidada aurora le hace bajas la cabeza
Y contemplar su cuerpo obediente y vacío.
Sin embargo, he visto los más bellos ojos del mundo,
Dioses de plata con zafiros en sus manos,
Verdaderos dioses, pájaros en la tierra
Y en el agua, los he visto.
Sus alas son las mías, nada existe
sino su vuelo que azota mi miseria,
Su vuelo de estrella y luz,
Su vuelo de tierra, su vuelo de piedra
En las olas de sus alas,
Mi pensamiento sostenido por la vida y la muerte.
PAUL ÉLUARD (1895-1952), Capital del dolor, Visor, 1973. Trad. de Eduardo de Bustos.
