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miércoles, 5 de abril de 2017

Luis García Montero






LIFE VEST UNDER YOUR SEAT


Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida en una muchacha triste,
buenas tardes señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres de Manhattan,
igual que dos desnudos en penumbra
con Nueva York al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.




LUIS GARCÍA MONTERO (1959). De Habitaciones separadas, Madrid, Hiperión, 1994.

martes, 28 de marzo de 2017

I Centenario de Ricardo Molina






Elegía XIII


Los que lean mis Elegías cuando yo esté ya muerto
dirán: « Este poeta era igual que nosotros.
¿Sus amores? Acaso no hemos amado todos!
¿Su tristeza? Quién no estuvo triste en la vida!
Así cualquiera puede ser poeta.
Es fácil hacer versos sin medida
y hablar siempre de rosas y de lilas,
de cielos y de nubes, de besos y recuerdos ».


Pero yo habré ya muerto y será primavera
y violetas y lirios cubrirán las colinas
y los amores nuevos y las nuevas tristezas
perfumarán el mundo con sus flores radiantes
de deseos y lágrimas lo mismo que la vida.


Y otros dirán tal vez: « Amaba solo el cuerpo.
Era un materialista.
Sus Elegías son poco recomendables.
Muchas podrían tacharse incluso de inmorales ».


Y yo habré muerto entonces y será primavera
y los tiernos deseos despertarán lo mismo
que misteriosas aves en la tierra,
y agitarán sus alas triunfantes en el aire
y sus gorjeos mágicos
llevarán a las verdes alamedas
amantes que en la sombra se besarán los labios.


Y algunos, una tarde
dirán: « ¿Qué nombre tuvo en la tierra su amada? »
y unos pensarán en Elisa o en Laura,
y otros en Isabel, en Beatriz o en Teresa…
Y se preguntarán su nombre en vano
y su dulce pregunta quedará sin respuesta.


Pues yo habré muerto entonces y será primavera
y la vida cantando cruzará por los campos
y los amores nuevos y las nuevas tristezas
apagarán con nombres de otras mujeres bellas
el de aquella que amé sobre la tierra.


Y un día una doncella leerá mis Elegías
y al llegar a la decimotercera
acaso diga: « Cuánto amor, cuánta dulzura
hay en este poeta ».
Y tal vez se confiese que de haberme encontrado
en Sandua o Piedrahita me hubiera amado tanto …


Y aunque sea primavera y yo haya muerto entonces,
al beso de la lluvia despertarán las flores;
el amor pasará suspirando en su flauta
por los bosques sombríos y las claras montañas,
y al agitarle el viento los cabellos de oro
temblará la doncella, y yo estaré a su lado
aspirando el perfume de su melancolía,
y el cielo se pondrá más profundo y más grave,
y yo seré una sombra dulce y apasionada
que cruzará en silencio los verdes arrayanes.



RICARDO MOLINA (Puente Genil, 1917 - Córdoba, 1968). 


Elegías de Sandua, edición facsímil del primer número extraordinario de la revista Cántico, en homenaje al poeta en conmemoración del primer centenario de su nacimiento. XLIV edición Feria del Libro de Córdoba, marzo-abril 2017.

martes, 7 de marzo de 2017

Antonio Colinas





Canto XXXV



Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
He respirado al lado del mar fuego de luz.
Lento respira el mundo en mi respiración.
En la noche respiro la noche de la noche.
Respira el labio en labio el aire enamorado.
Boca puesta en la boca cerrada de secretos,
respiro con la sabia de los troncos talados,
y, como roca voy respirando el silencio
y, como las raíces negras, respiro azul
arriba en los ramajes de verdor rumoroso.
Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce
sombrío de mis venas toda la luz del mundo.
Y yo era un gran sol de luz que respiraba.
Pulmón el firmamento contenido en mi pecho
que inspira la luz y espira la sombra,
que recibe el día y desprende la noche,
que inspira la vida y espira la muerte.
Inspirar, espirar, respirar: la fusión
de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.
Ebriedad de sentirse invadido por algo
sin color ni sustancia, y verse derrotado,
en un mundo visible, por esencia invisible.
Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
Me he sentado en el centro del mundo a respirar.
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo
y, al despertar, mis labios musitaban despacio
en la luz del aroma: "Aquel que lo conoce 

se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido".


ANTONIO COLINAS (La Bañeza, León, 1946)


martes, 24 de enero de 2017

Pedro Garfias

Mujer desnuda leyendo, de Robert Delaunay




Soledad



Bullía en su copa la noche, burbujeada de luceros. Lentos gritos
perdidos la recorrían, palpando aquí y allá las sombras, hasta hallar
una, profunda y tierna, donde cobijarse. Sabiamente, el viento pulsaba
las calles, tensa y vivas. A lo lejos, sobre el horizonte, glogloteaba el
día, como un agua presa.


PEDRO GARFIAS (1901-1967)




Pedro Garfias fue un poeta ultraísta, la primera vanguardia española. Nacido en Salamanca en 1901, firmó el manifiesto ultraísta en 1919 y fundó con Chabás y Rivas Panedas la revista Horizonte. En los años treinta ingresó en las filas del Partido Comunista de España y durante la Guerra Civil fue uno de los poetas más activos del bando republicano. Se exilió a Reino Unido primero y luego a México, donde falleció en 1967. Algunos de sus poemas han sido incluidos en el libro Las cosas se han roto. Antología de la poesía ultraísta, en edición de Juan Manuel Bonet. El volumen incluye poemas de sesenta escritores que van desde Ramón M.ª del Valle-Inclán a Jorge Luis Borges o Vicente Huidobro, el primer poeta latinoamericano que se adscribe a las vanguardias.

viernes, 20 de enero de 2017

Luis Cernuda


Joven de verde, por Tamara Lempicka



Si el hombre pudiera decir


Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío ;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina ,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.


LUIS CERNUDA (1902-1963). De ''Los placeres prohibidos'' (1931).

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Miguel Hernández



Nanas de la cebolla


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
 

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
 

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
 

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
 

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
 

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
 

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942). De Cancionero y romancero de ausencias (1958). 

viernes, 21 de octubre de 2016

Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016


Bob Dylan, en 1970.

Blowin' in the Wind


How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, 'n' how many seas must
a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, 'n' how many times
must the cannon balls fly
Before they're forever banned?
The answer, my friend,
is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.



How many times must
a man look up
Before he can see the sky?
Yes, 'n' how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, 'n' how many deaths will it take
till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend,
is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.



How many years can a mountain exist
Before it's washed to the sea?
Yes, 'n' how many years can some people exist
Before they're allowed to be free?
Yes, 'n' how many times can a ma
turn his head,
Pretending he just doesn't see?
The answer, my friend,
is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.


                                           Bob Dylan, ''The Freewheelin'' (1963)




Flotando en el viento

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre
Antes de que le llaméis hombre?
¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma
Antes de dormir sobre la arena?
¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón
Antes de ser prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento,

¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba
Para poder ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
Para poder oír a la gente llorar?
¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda
Que ya ha habido demasiados muertos?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento,

¿Cuántos años puede permanecer una montaña
Antes de ser arrastrada al mar?
¿Cuántos años pueden algunas gentes vivir
Antes de conocer la libertad?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
fingiendo no ver nada?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
La respuesta está flotando en el viento.
Versión de Marcelo Covian



miércoles, 4 de mayo de 2016

Eduardo García


El poeta y profesor Eduardo García (1965-2016), con su libro Duermevela entre las manos (2014).


RONDA DEL SÍ

Y ahora aquí digo sí, sin más ni más,
como otros dicen no por si las moscas,
digo sí porque sí, por voluntad,
porque en el no se ufana la renuncia,
el canto de los cuervos, la estepa hospitalaria,
tanta calma que no hace travesía,
en el charco del no toso, me empapo,
estancado en el afán, los remos rotos,
espectador de un alto en el camino
que ya se ensimismó más de la cuenta,
cuando impaciente el sí baraja ya sus cartas,
su brusco germinar, su aliento navegante,
un signo, una señal, un cuerpo acaso,
la sombra de un paisaje que soñé,
mientras el no me invita a especular,
a calcular la ausencia de mis pasos,
la inmóvil rotación de mis razones,
pero he aquí que el sí da un paso al frente
y de pronto es ya tarde y menos mal
que el pie ya desertó de su pereza
y sopla el viento y voy, a la estampida,
carretera adelante, desbocado,
digo sí porque el sí es la luz primera,
la espontánea eclosión, el resplandor,
callo el no porque el no seca mi cauce,
digo sí porque el sí me desemboca.

EDUARDO GARCÍA (1965-2016). De Duermevela, Visor, 2014.


lunes, 11 de abril de 2016

Andrés Trapiello


Portada del libro Acaso una verdad, Valencia, Pre-Textos, 1993.


El árbol de la ciencia

Dicen, mi amor, que es imposible hacer
versos de amor feliz, de enamorado,
que sólo lo perdido o no alcanzado
se canta en la poesía, el padecer

olvido o el sufrimiento de volver
al recuerdo de todo lo pasado.
Unas veces la sed de lo vedado;
otras, el vino del amargo ayer.

No hagas caso, mi amor, habladurías.
Contigo todas mis melancolías
son ramas escarchadas en anís

donde se posa un pájaro de nieve.
Escúchale cantar tan hondo y breve.
Que no te engañe su plumaje gris.




ANDRÉS TRAPIELLO (1954). De Acaso una verdad, 1993.



jueves, 17 de marzo de 2016

Juan Gil-Albert

Juan Gil-Albert, hacia 1930.



Drama patrio


 Cuando no se representa nada, cuando simplemente se es, y no nos liga compromiso alguno político, económico, o profesional, de grupo o de clase, o de partido, tal vez podamos permitirnos hablar con independencia en nombre de todos o, al menos, para que todos nos comprendan. Seguramente es pretensión desmesurada y ese abarcar nos prive, en gran parte, de oyentes, en virtud de esa misma independencia que constituye, a mi modo de ver, la única legitimidad de nuestra palabra, y esto debido a que hoy, muchos -¿la mayoría?- no sienten ese atractivo -esa necesidad- de ser independientes, siendo su aspiración, por el contrario, de signo opuesto; buscan, o se confortan, sabiéndose protegidos, ‘dirigidos’, mandados. Pero hay siempre unos hombres, en cualquier región, en cualquier clima, muchos anónimos, algunos singulares, para quienes la vida, su vida propia, pero también, y casi a la misma altura, su vida social, su vida nacional, es refractaria al mando y que sólo encuentran aliciente en vivir como lo que son, o creen ser, hombres, no soldados, seres, unos relevantes, otros modestos, pero que no entienden la vida más que como el continente de una mínima porción verdadera de libertad sin la cual, los mayores acontecimientos sociales no son sino monumentos de piedra, y la vida interior un mecanismo marcial que acaba por colocar, allí donde íbamos a buscar al ser vivo, el rostro antipático de una consigna seca o la degradación repulsiva de una obediencia deshumanizada. Estos hombres que quieren vivir como lo que se sienten, cuerpos vibrantes, entes con razón, no siempre se dan cuenta de lo que les pasa o, en el desconcierto del mundo actual, no aciertan a expresarse a sí mismos, atenazados, por tal acumulación operante de prejuicios, la índole de sus sentimientos; otros se desconciertan, y mal, o tendenciosamente informados, fluctúan, y hasta están en peligro de naufragar; más que traicionar su ideal se hacen indiferentes, flotan, aceptan sin saberlo, se neutralizan, se rinden si, sobre todo, la cuota que se les paga, asciende. Están también, y en primer lugar, los jóvenes, no todos, que quieren saber, que no están dispuestos, o creen al menos, a doblar la frente, pero que corren el riesgo de caer en las viejas trampas o nuevas las nuevas mixtificaciones. Para todos ellos escribo, para aclarar, para informar, para confirmar, sobre lo que he vivido y sobre lo que he pensado, unas veces en la calle, otras en mi refugio, tan indispensable esto como aquello ya que la calle confunde y el refugio dilucida. ¿Objetivo? No. Aspiro a ser lo más subjetivo posible. Solo hablando en nombre propio logra el hombre coincidir , si no con la verdad que resulta una meta demasiado abstracta, con la autenticidad al menos. Ser auténtico vale tanto como ser verdadero y está mal al alcance de nuestra buena voluntad. Hablaré, pues, como me nace y como sé; diré de lo que he visto y he vivido, de lo que oí y pensé, relacionando. Y lo sellaré todo, para el porvenir, con la garantía que me ofrece mi persona y mi palabra.



Juan Gil-Albert, Drama Patrio, 1964.

lunes, 29 de febrero de 2016

Joaquín Sabina


Sabina, por Carlos Dearmas.



Estos días azules, este sol de la infancia


Sesenta y siete tacos el día doce
de febrero cumplí con pocas ganas
de happy birthdays, de velas atroces
pero esa tarde me llamó Susana.
Presidenta le dije, no me tiente,
con medallas impropias de un gualtrapa,
aunque si es de mi tierra y de mi gente
será un honor lucirla en la solapa.
Y eso que en estos tiempos de tribales
identidades anti solidarias
uno acepta encomiendas federales
si no son desiguales y gregarias.
Urge por eso, en tan inciertos días
construir puentes, destruir barreras,
que sea la verdiblanca la bandera
de la cultura, el pan y la alegría.
De Huelva y de Jaén eran mis padres,
mis amigos don nadies sin fronteras,
cuando la última copa me descuadre
regresaré a mi olivo y a mi higuera.
Jaén, Sevilla, Córdoba, Granada,
Málaga, Huelva, Cádiz, Almería,
duendes de la memoria enamorada
mantras del corazón y la utopía.
¡Qué jeta! ¿Predilecto? ¡Qué impostura!
Se burlan los espejos implacables
¿El cantautor o su caricatura?
¿El golfo? ¿El trotamundos inestable?
¿El rojo con abono en la maestranza?
¿El rockero que admira al Agujetas?
¿El ateo que espera a la Esperanza
de Triana soñando una saeta?
¿Qué cantan los poetas andaluces
de ahora? -preguntaba Rafael
Caballero Bonald, perito en luces
de Argónida le puede responder.
Y mi compadre Luis García Montero
y Felipe Benítez que en la Rota
de la OTAN fundó un invernadero
para plantar mis ripios y mis notas.
Y allí paso veranos exquisitos
al amor de la gente que más quiero,
rodeado de hermanos, primas, titos,
un doctor, un borracho, un alfarero.
En ningún otro sitio los gitanos
han echado raíces de Macondo
llenando el alcanfor de mis paisanos
de un milagro llamado cante jondo.
Por no mentar la Alhambra y la Mezquita
de al-Ándalus, bendita morería,
o de las juderías sibaritas
que Isabel y Fernando aborrecían.
Aunque uno es nocherniego y tabernario
también sabe dar pases de castigo
pa ser buen andaluz no es necesario
tocarle tantas palmas al ombligo.
Mejor pasar a limpio los pecados,
los eres, la ignorancia, el desempleo,
Andalucía sabe demasiado
lo ingrato que es bailar con el más feo.
La ilustración brilló cuando las cortes
de Cádiz se metieron en faena,
después un rey felón vendido al norte
puso de moda el vivan las caenas.
Parias hambrientos, pijos de mal vino,
guerras civiles, ninis sin memoria,
no conviene olvidar, por si la historia,
que aquí nacieron Lorca y su asesino.
Primero fueron Úbeda y Granada
las ciudades de mi devocionario,
luego vino Madrid, Londres y cada
Babel que me brindara un escenario.
Y América Latina tan mestiza
que sabe a ron y arcángeles paganos
y esa Habana mulata tan castiza,
tan gaditana dijo Carlos Cano.
Regular, mire usted, tirando a mal
anda nuestra marchita economía
pero en arte, delirios y osadía
no conozco un parnaso tan frutal.
Por eso a los tribunos que gobiernan
hoy les pido, perdónenme que insista,
una patria decente, audaz, moderna
humana, justa, libre y progresista.
Y como no me ponen los sectarios
ni me frenan atávicos prejuicios
soñar un paraíso hospitalario
al sur del sur es ya mi único vicio.
Tuvo que ser el gesto de un paisano,
pongamos que hablo de Alejandro Sanz,
quien detuviera en fa mayor la mano
que maltrataba el morro de una fan.
Porque, aunque soy forofo del Atleti
y admirador de Messi y de Zizou,
entre el merengue y, manque pierda, el Betis
quiero siempre que gane el andaluz.
Marifé, Gala, Góngora, Cernuda,
Morente, Rancapino, Camarón,
Pasión, Emilio Prados, Juan Ramón:
el sabio sabe más cuanto más duda.
Y Bécquer y don Juan, Chávez Nogales,
Javier Ruibal, Paquito de Lucía,
Téllez, Muñoz Molina, los cabales
profetas de la nueva Andalucía.
Y Romero de Torres y Murillo
y Juan Vida, Valdés Leal, Laffón,
y Picasso y Velázquez y Gordillo
yendo del carboncillo a la abstracción.
Y Rilke, Hemingway, Gibson, Brenan
y el orondo Orson Wells, guiris de pro,
que entre la magia, el llanto y la verbena
Blas Infante a su causa convirtió.
Y Pastora Soler y Miguel Ríos
y la ópera bastarda de Bizet
y Carmen, la morena del quejío
que no es la del gabacho Mérimée.
Abrácense por fin las dos Españas,
muera el siniestro guerracivilismo
ni obispos ni trileros sin entrañas
menos tontos por ciento de lo mismo.
En Madrid aprendí cómo reluce
la copla de Chacón tabaco y oro
cuando salen roneando por el foro
del café de la Unión los andaluces.
Permítanme también que cite y loe
aquellos besos en Puente Genil,
el trilingüe legado de Averroes,
las lágrimas de sangre de Boabdil.
Y Aleixandre el gran Nobel generoso,
el hombre más discreto de Sevilla,
que en Wellingtonia tuvo buen reposo
y amores clandestinos de puntillas.
Maestros de fervor republicano,
actores de la mítica Barraca,
doctores que en su exilio americano
ilustraron al negro y al sudaca.
Aquí pintan de añil el universo,
Morante, Caracol, José Mercé,
el nombre de la rosa, prosa y verso,
Altolaguirre, Lola, Raphael.
La impúdica y traviesa chirigota,
John Lennon y la Piaf por bulerías,
el Kichi en carnaval dando la nota,
el verdial tan rural de la Ajarquía.
Con lo que va apreciándose y creciendo
por todo el ancho mundo el español
¿qué coño hace ese shosho malvendiendo
su inglés barato por eurovisión?
Querido no te pongas estupendo
me dijo anoche un cierto don latino
de Hispalis, sigue andando y escribiendo
pero en román vulgar y paladino.
Cuidando mi mala salud de hierro
hurgando en pecadillos veniales,
con seis gatos en torno y ningún perro
que ladre en mis futuros funerales.
La España de charanga y pandereta
no es el sur luminoso que prefiero,
mientras el jornalero y el paleta,
blasfemen contra el dios de los banqueros.
Pero es verdad que el ciclo de la luz,
el pescaíto, el mar, el vino, el clima
convierten en fanático andaluz
al que a su gente singular se arrima.
Estos días azules y este sol
de la infancia en un patio de Sevilla
velaron al poeta en la pensión
de Colliure con flores amarillas.
Dos versos, un cuaderno, un sacramento
póstumo del mejor de los Machado
que nos dejó de noble testamento
su cómo ser un andaluz honrado.

Contra el pacto del sable y la casulla
mi diosa es la razón que no se vende
esta medalla al mérito es más suya
que de quien de su ejemplo tanto aprende.
Alérgico a sermones y laureles,
hoy, lejos de calle melancolía,
pongo mi tinta, cantos y pinceles,
al servicio de nuestra Andalucía.
Bendito veintiocho de febrero
lo dice un hijo pródigo que sabe
que aquí no sobra nadie, compañeros,
que todo el mundo en esta tierra cabe.
Andaluz y español, más europeo
que el virus que nos quiere separar,
por sí dice ese himno en el que creo
y por el mundo, y por la humanidad.



JOAQUÍN SABINA  (Úbeda, Jaén, 1949)


miércoles, 17 de febrero de 2016

Antonio Machado

Machado, por Damián Flores Ramos


   LA SAETA
              ¿Quién me presta una escalera
      para subirme al madero,
    para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
                            Saeta popular


¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!





ANTONIO MACHADO (Sevilla, 1875- Colliure, 1939). 

De Campos de Castilla, 1912.


domingo, 4 de octubre de 2015

Jack Kerouac


Portada de la novela On the road (1968), de Jack Kerouac


ALGUNOS HAIKUS OCCIDENTALES


Brazos abrazados
a la luna,
Entre las vacas. 




Elefantes ronzando
sobre la yerba — amando
Cabezas juntas.



Perfecta noche de luna
estropeada
Por disputas familiares.



Pájaros cantando
en la oscuridad
— Amanecer lluvioso.



Fallando la patada
a la puerta de la nevera
Cerrada en cualquier caso.



Este atardecer de Julio
una enorme rana
En el umbral de mi puerta.




Llega la tarde —
la joven oficinista
Se suelta el pañuelo.



¿Diré que no?
— mosca frotándose
Las patas traseras.



Doblándose contra
la pared, las flores
Estornudan.



Barbo luchando por su vida,
y venciendo,
Salpicándonos a todos.



Profunda la amarilla
luna encima de la
Tranquila casa encendida.



Signo descorazonador
— la pescadería
Está cerrada.



Desplegando hasta el candado,
las puertas del garaje
A mediodía.



La luna,
la estrella fugaz
— Mira hacia otra parte.



Y el gato tranquilo
sentado junto a Correos
Percibe la luna.



El sabor
de la lluvia
— ¿Por qué arrodillarse?



La lluvia ha llenado
el baño del pájaro
Otra vez, casi.



Esos pájaros colocados
allí fuera en la barandilla —
Todos van a morir.



En mi armario de medicinas,
las moscas del invierno
Han muerto de vejez.



La luna tuvo
un bigote de gato
Durante un segundo.



Las suelas de mis zapatos
están mojadas
De caminar en la lluvia.



Noviembre — qué nasal
la borracha
Voz del cobrador.



Un gran copo guseo
de nieve
Cayendo totalmente solo.



Juju reza sobre el
manu
al de zen:
Mis rodillas están frías.



Inútil, inútil
el aguacero
Entrando en el mar.



En verano la silla
se balancea sola
En la ventisca. 



JACK KEROUAC (Lowell, Massachussetts, 1922- St. Petersburg, Florida, 1969). 

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