Esperando, esperando....
Sentado en un escalón
esperaba al hombre de mi vida,
al hombre que me quitase los males,
al que me alegrara el corazón,
al que supiera como ganarse mi pasión.
No deseaba ninguno
de esos príncipes azules
de cuentos de hadas, los cuales
por alguna razón,
jamás aparecen por tu lado.
No quiero un macho ibérico
de los que parten
un tronco con la mano,
ni tampoco un blandengue
que jamás haya
a una mosca matado.
No quiero al hombre de los sueños
de cualquier princesa Disney
pero si que suba
hasta la más alta torre
y que luche por mi con un dragón.
No quiero fantasear
con falsas expectativas de amor.
Tan solo quiero a un hombre sencillo
que me quiera por como soy,
con mis defectos y mis virtudes,
mis agrados y mis bromas,
que sepa mantener una discusión
sin necesidad de llegar
a los malos tratos,
que me haga llorar de ilusión,
alegría, amor, placer, gracia, pasión.
Quiero una vida en pareja tranquila,
sin sobresaltos abismales
ni sorpresas desagradables.
¿Qué bonito es soñar, verdad?
Quiero adoptar a un niño.
Quiero escribir un libro.
Quiero plantar un árbol.
Quiero dar la vuelta al mundo
agarrado de su mano.
Quiero ser normal siendo como soy
no quiero cambiar por el hecho de
ser un hombre que quiere a otro hombre.
No quiero dejar de ser yo,
para cambiar en función de
unos cuantos que jamás darán
su brazo a torcer.
No quiero compartir mi vida con una mujer
y que ella sea mi media naranja.
Solo quiero compartir mi vida
con ese chico que me quita el sueño,
que me resta mis horas de vida
pensado en donde estará,
que me desvive en suspiros
cada vez que me toca,
por el que daría mi corazón
por saber que esta haciendo
en este preciso momento,
el que me hace la vida más
dulce que la propia miel con azúcar,
el que me quita las esperanzas
de seguir con esta vida
a sabiendas de que jamás
podré contar con sus besos,
el que me coge un pellizco en el corazón
tan fuerte, que no se suelte nunca,
en esa persona a la que le pueda
contar cualquier cosa, confiar en ella.
Estoy harto de que no pueda cogerme
por la calle de la mano de la persona
que ocupa hasta el más chico
de mis pensamientos,
por un absurdo miedo
a que los demás digan y estipulen
sobre una vida que no es la suya.
De repente empieza a llover y
me empiezo a mojar y
se evaporaron todas mis fantasías.
¿Quién dijo que no se podía
soñar despierto?
¿Cuán grande es la imaginación
de una persona, verdad?
Sabios son los que saben que ignoran
pero más sabios son los que saben
por quien son amados,
suerte que me ahorraría penas
y llantos innecesarios.
Harto de esperar y empapado
corría a mi casa para secarme.
Lo vi a él, cogido de la mano de otro.
Si ya en trozos pequeños se había roto mi corazón
en millones de motas de polvo se había disuelto.
Mi lágrima con la gota de lluvia se confundía.
Y con una bala y una pistola me encontraba
al paso de las vías de un tren.
Feliz, radiante, lleno de felicidad era el día.
Sucio, masacrado, el cadáver yacía.
Una pena, el inepto no supo escoger
ahora muerto se encuentra para todos.
Y contento yo volvía a mi casa
para escribir estos simpáticos versos.
José Alfonso Muñoz Moreno 4º ESO D